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miércoles, 24 de octubre de 2012

El Monte de las Ánimas de G. A. Becquer


En honor al próximo día de Todos los Santos, he decidido publicar una de las Leyendas que más me gustan y que, pienso, va totalmente acorde con la época. Te pone los pelos de punta... espero que la disfrutéis tanto como yo.


La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las
campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición
que oí hace poco en Soria.

Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación
es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el
rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas
veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón,
estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

I

—Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los
cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los
Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
—¡Tan pronto!
—A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las
nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible.
Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos
comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
—¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
—No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún
no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo
también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa
historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de
Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos
siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante
distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida
historia:
—Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios,
cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y
religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas
tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable
agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como
solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la
ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los
primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para
satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos
determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas
prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de
cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se
llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas
madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería,
fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a
quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino
la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró
abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo
atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar
sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en
jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las
breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las
culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve
las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le
llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que
cierre la noche.
La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes
llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí
esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos
jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.

II

Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica
del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando
algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban
familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del
salón.
Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y
Alonso. Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los
caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las
azules pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos
tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal
papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido
monótono y triste.
—Hermosa prima —exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en
que se encontraban—; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las
áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos
sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces,
acaso por algún galán de tu lejano señorío.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se
reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
—Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido —
se apresuró a añadir el joven—. De un modo o de otro, presiento que no tardaré
en perderte… Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía… ¿Te
acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la
salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi
gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu
oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la
que me dio el ser, y ella lo llevó al altar… ¿Lo quieres?
—No sé en el tuyo —contestó la hermosa—, pero en mi país una prenda
recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse
un presente de manos de un deudo… que aún puede ir a Roma sin volver con las
manos vacías.
El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un
momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
—Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos;
hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la
joya, sin añadir una palabra.
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada
voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que
hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las
campanas.
Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de
este modo:
—Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el
tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no
lo harás? —dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un
relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
—¿Por qué no? —exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho
como para buscar alguna cosa entre los pliegues de su ancha manga de
terciopelo bordado de oro… Después, con una infantil expresión de sentimiento,
añadió:
—¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé
qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
—Sí.
—Pues… ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un
recuerdo.
—¡Se ha perdido!, ¿y dónde? —preguntó Alonso incorporándose de su
asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
—No sé, en el monte acaso.
—¡En el Monte de las Ánimas —murmuró palideciendo y dejándose caer
sobre el sitial—; en el Monte de las Ánimas!
Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
—Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda
Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis
fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión,
imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario
en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto
por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con
ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha
visto huir el peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y
volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche… esta noche. ¿A
qué ocultártelo? Tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha
sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a
levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas…
¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente,
tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera
como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los
labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y
mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando
chispas de mil colores:
—¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante
friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de
lobos!
Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso
no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un
resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el
miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó,
dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar
entreteniéndose en revolver el fuego:
—Adiós Beatriz, adiós… Hasta pronto.
—¡Alonso! ¡Alonso! —dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando
quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope.
La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus
mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que
se desvaneció por último.
Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el
aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo
lejos.

III

Había pasado una hora, dos, tres; la media roche estaba a punto de sonar,
y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de
una hora pudiera haberlo hecho.
—¡Habrá tenido miedo! —exclamó la joven cerrando su libro de oraciones
y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar
algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no
existen.
Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de
seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las
vibraciones de la campana, lentas, sordas; tristísimas, y entreabrió los ojos.
Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y
por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana. —
Será el viento —dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró
tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de
alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo
prolongado y estridente.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban
paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y
grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio
lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo
monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras
ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran,
suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten,
estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y
cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y
escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente,
tornaba a escuchar: nada, silencio.
Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como
bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en
un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
—¡Bah! —exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la
almohada de raso azul del lecho—; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres
gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de
aparecidos?
Y cerrando los ojos intentó dormir…; pero en vano había hecho un
esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta,
más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta
habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el
rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su
compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se
acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz
lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la
cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía
con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las
ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras
distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció
eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora; vuelta de su temor, entreabrió los
ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de
terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de
seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de
repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez
mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y
desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a
buscar Alonso.
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del
primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los
lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil,
crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho,
desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los
miembros, muerta; ¡muerta de horror!

IV

Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que
pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro
día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras,
asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de
Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un
estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a
una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies
desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de
la tumba de Alonso.

Espeluznante, ¿no?

sábado, 19 de mayo de 2012

La Saga de los Longevos: La Vieja Familia


Cuando compro un libro me limito, en un principio, a leer la sinopsis y ver la nacionalidad del autor. No es que cambie mi opinión el nombre del autor: si la sinopsis me llama la atención, lo compro, sea el nombre de la portada Ken Follet o Pepita Sánchez, pero es indicativo, ¿no?

No era la primera vez que veía comentarios sobre esta saga, pero me pusieron un caramelito delante que no pude rechazar. Leí en un blog que si le das a “me gusta” en la página de facebook de la saga (Link aquí para obtenerlos), la autora te recompensa con los primeros 9 capítulos gratis. Lo hice, y lo hizo. Aquí tenéis la sinopsis.

SINOPSIS

Iago del Castillo, un carismático longevo de 10.300 años al frente del Museo de Arqueología de Cantabria, se ve arrastrado, en contra de su voluntad, a dirigir una investigación genética: sus hermanos Nagorno —un conflictivo escita de casi 3.000 años— y Lyra —una huidiza celta de 2.500 años—, cansados de enterrar durante siglos a sus familias efímeras, están obsesionados con identificar su rara mutación y tener hijos longevos.

Adriana, una joven y resuelta prehistoriadora, regresa a su Santander natal, contratada por el museo, dispuesta a aclarar el extraño suicidio de su madre, la psicóloga de cabecera de la alta sociedad cántabra, ocurrido quince años atrás.

Iago y Adriana chocan desde el primer momento, aunque entre ellos surge una intensa atracción que ambos intentan ignorar. Pero poco imaginará Adriana que la muerte de su madre tuvo mucho que ver con lo que le ocurrió a “la vieja familia” en el pasado y obligó a Iago a entrar en la investigación del gen longevo. Cuando descubran la cruda realidad y reaccionen, las consecuencias de sus actos les dejarán marcados para siempre.

En realidad me parece simbólico, porque a la hora y media de haberme descargado esos 9 capítulos, estaba entrando en amazon (Aquí tenéis el link) para comprar la novela entera por solo 3, 08 Euros… lo que dije, precio simbólico, ¿no? Sobre todo por una novela de estas características: 735 páginas de historia finamente hilada y documentada (pone en evidencia un proceso de documentación abrumador), una trama intensa que no te da un respiro, y un final que te deja con una buena sensación de plenitud, de haber disfrutado y, sobre todo, que te deja dando la vuelta a la siguiente página porque ¡quieres saber más! Un bravo a la autora por eso. Pero lo más curioso es que, en mi caso por lo menos, suelo comenzar a leer con tiento, analizando la escritura, los personajes e incluso la distribución de partes, prólogos y capítulos. Sin embargo, pronto ocurrió: dejé de analizar nada para verme sumergida de lleno en la historia, los personajes y solo ese insufrible “¿y qué pasa ahora?” que me llevó a coger el libro un domingo y terminarlo en lunes de madrugada (y de paso llevarme más de una bronca porque “no te puedes pasar todo el día leyendo y leyendo y leyendo como si la vida solo fuera eso” Y yo digo, “Y, ¿por qué no?”. Dilemas aparte:

Los personajes están muy bien perfilados. Tenemos dos buenos estereotipos en las figuras de Nagorno y Héctor. Me han encantado. Hay que tener en cuenta que debe de ser dificilísimo construir personajes de 25.000 años. ¿Cómo puede cambiar y transcurrir la personalidad de un escita de 3.000 años que ha guardado un rencor enfermizo durante todo este tiempo? Y Héctor, tan carismático y sensible que le coges cariño en seguida. Precisamente esa forma de ser le ha permitido llegar hasta donde está sin volverse loco. Tenemos a los protagonistas, Iago del Castillo,  de 10.300 años, y a Adriana, una chica normal de 33 años que entra a trabajar en el museo y que pronto notará cosas extrañas, así como una fuerte atracción por su jefe. La historia tiene lo justo de acción, romance y misterio. Los capítulos son narrados en primera persona, unas veces por Adriana y otras veces por Iago. Se intercalan capítulos en los que retrocedemos en el tiempo y que nos desvelan sucesos que explican la personalidad y comportamiento de nuestros protagonistas y que se hacen amenos, y esta opinión viene de una lectora que aborrece esos cortes en las historias, por lo que más mérito tiene, porque en ningún momento he pensado “bueno, que se pase ya esta capítulo y volvamos al tema”. Pues no, esos saltos en el tiempo son súper necesarios y amenos, y se pasan sin darte cuenta.

Otra cosa: las sorpresas. La novela está repleta de pequeñas alusiones a la historia, prehistoria y mitología, elementos que la hacen más creíble y que me dejaron fascinada. Hay varios giros inesperados que no te esperas, y que transcurren al margen de la trama principal (y aquí es donde me muerdo la lengua porque no quiero desvelarlos).

Imprescindible: el humor. No es una novela humorística ni irónica, pero con el primer capítulo disfruté de unas risas más que necesarias. Iago del Castillo despierta de manera brusca en San Francisco, con la memoria rota por completo. Le quedan restos de una memoria anciana que le harán ver las últimas tecnologías del hotel en el que se encuentra de una manera bastante cómica.
Para finalizar, comento, aunque es evidente, que existe una segunda parte (para algo se llama Saga, ¿no?), y que el próximo protagonista tiene una pinta que ya me estoy relamiendo. Eva cariño, ese es mi protagonista, así que esperaré con ganas la segunda parte de la saga (por favor, no tardes mucho).

Para los que quieran saber más acerca de:


¡La novela en papel sale a la venta en librerías el 22 de mayo con la editorial La Esfera de los Libros!

Aquí os dejo el trailer, por si todavía queda alguna duda:


Para quienes quieran los nueve capítulos gratis, más arriba puse el link de la página de Facebook.

Comentar que la autora estará en la Feria del Libro el próximo fin de semana en Madrid (26 y 27 de mayo). Ya que ha publicado con La Esfera de los Libros (¡Enhorabuena por eso también), la encontraremos allí. Y para los alicantinos, tenéis una cita en La Casa del Libro el viernes día 1 de junio, donde Eva estará para una presentación en toda regla (qué pena que no pueda ir).

Por último, y de manera más personal, quería comentar que hacía muuuucho tiempo que no escribía en mi humilde y querido (y olvidado)  blog. He estado ocupada, y además esto funciona por rachas, al menos en mi caso, lo que no quiere decir que haya apartado las lecturas. ¡Nada más lejos! Sigo leyendo y leyendo y leyendo, y sorprendiéndome por las novelas que leo del grupo Reseñas de Facebook (en su mayoría autopublicados) . Que esta novela, La Saga de los Longevos: La Vieja Familia, me haya sacado de mi mutismo bloguero solo es una prueba de lo que me ha impactado, y creo que no hay mayor piropo que ese. 


viernes, 6 de enero de 2012

La receta del éxito



Comienzo a entrar en una vorágine de superficialidad, e intuyo a que es debido a una cruel falta de lectura interesante. Sin embargo sé que no es eso, pues no faltan en mi mesilla libros con gran carga inteligente, por lo que deduzco inevitablemente que es culpa mía y sólo mía y de mi descentraje. También de lo que me ocurre se pueden sacar conclusiones. Veamos:





Reglas para alcanzar la felicidad objetiva y el éxito personal y profesional (bla, bla, bla...)


1. Los Planes. Son imprescindibles. ¿Qué harás en Nochevieja? Quedarme en casa si lo consigo. ¿En serio? (lo preguntan con pena) Luego te proponen un plan que seguramente a ellos se les antoja mil veces mejor que el tuyo, pero rehusas, y no comprenden por qué prefieres tu casa, tu copa de vino, tu cama, una madrugada de gente durmiendo y tú despierta con un  café en la mano y un libro en la otra. No, nadie lo comprende. Pero son amigos, familia, gente que te quiere, lo hacen por tu bien. No les puedes culpar por pensar que a) Estás deprimida y por eso no quieres salir de casa; b) Nadie te quiere y por eso estás tan sola. Da pena no ser comprendida por los que más te quieren.

2. Trabajo. Mucho. De manera que ocupe la mayor parte de tus horas del día y puedas llegar así a casa rendida, con la conciencia de estar contribuyendo y de que "lo has hecho bien", "sirvo para algo". Cuanto más cansado y más horas hayas echado, mejor. Si te oyen decir "es que no tengo tiempo para mis cosas", te responden "¿Para tus qué...? Con la que está cayendo ya puedes estar feliz de tener trabajo". Agachas la cabeza. "Claro".

3. Salir de fiesta. Muy importante salir a cenar a una franquicia (¡ojo a este detalle!: si es un bar acogedor cuyo dueño es amable y sus hijos preparan la comida porque toda su vida se les ha dado bien la cocina, no vale); y a continuación ir al cine (domingos, de ahí haber pasado antes por la franquicia del centro comercial), o a una discoteca tipo Buda (sábados o viernes noche), emborracharte (si no, no vale) y hacer alguna gilipollez. Si luego coges el coche y te libras de un control por los pelos y llamas contándolo y descojonándote, ganas puntos.

4. Ropa de marca, firma, diseñador... como se llamen. Si llevas algo nuevo, te preguntarán dónde lo compraste, cuánto costó, amparándose en la excusa de que igual se lo compran igual porque les ha encantado. Si te lo ha hecho tu abuela porque de coser sabe mucho más que los chinos que lo hacen todo hoy día, tampoco vale. 

5. Viajar a Londres, Nueva York o París. Una vez estás allí has de visitar tiendas de ropa y museos, comer en los sitos más vistosos, y nunca nada típico del lugar, ¿eh? Cuando vuelvas, recupera esos días perdidos de no haber ido al gimnasio. 

Estas son algunas de las directrices para ser feliz. Por cierto, la peli ha de ser una comedia tipo Jennifer Aniston, o ir de marcianos que quieren matar al presi de los Estates. Esta es la guinda del pastel. Si haces todo esto, el éxito está asegurado!!!! Luego hay que publicarlo todo en facebook, porque si la gente no se entera no tiene sentido, ¿no? Si te preguntan qué libro lees: Los pilares de la tierra, y añades "aunque no tengo casi tiempo para leer". Música: Dani Martin para las chicas. 

Que nunca te oigan decir que quieres tiempo para ti, que quieres ir a esta obra de teatro de esa compañía local, ni a la presentación de ese libro de autoedición. Que no sepan que valoras más tu tiempo sola, lo que sale de ti sin nadie alrededor, que la persona que sigue la corriente cuando está con los demás "¿Vamos a ver la nueva de Matt Damon?"."Bueno"  Que tus seres queridos  no se enteren de que eres más feliz sin los planes que todos adoran, que prefieres la sorpresa, el poder decir "tal vez mañana me vaya a este sitio, sí, ¿por qué no?" sin ataduras, tan libre, tan monstruosamente aleatorio frente a una existencia fija y ordenada.....






Me siento atada en lujo. Tal vez esta sensación viene dada por un nuevo trabajo, fijo, al lado de casa, gratificante... todo lo que debería desear. O tal vez es porque mi vida está encarrilada, vida sentimental fija, amigos que son amigos, ocio reconfortante, independencia... tan bueno, tan exitoso... no lo debo dejar. Algún día conseguiré quitarme de encima esta sensación de querer romper con todo, desnudarme de la vida perfecta y volver a correr a otro sitio donde empezarlo todo de cero. Me dicen que algo que has estado haciendo desde hace diez años es difícil de parar, así que mientras lucho con las ataduras me diré cada mañana en el sofá, con el café nespresso, frente a las noticias "Iré a trabajar, comeré con él, iré a entrenar, llamaré a mi amiga en el coche de camino a casa, todo va bien, es lo que quiero, qué suerte tengo".



Es la receta del éxito... o tal vez solo otra sarta de delirios.



jueves, 17 de noviembre de 2011

ResEÑaS y más



¿Es éste un blog de literatura? 

Bien... es difícil responder a eso. Yo misma me pregunto muchas veces cuál es la función de lo que hago, objetivos, estética en función de ellos, interrelación con otros blogs... y sin embargo algo me hace ser reacia a la hora de promocionarlo. Ni siquiera me gusta enseñárselo a amigos porque cada vez que lo he hecho me he sentido mal. ¿Será que al no ser únicamente un blog de literatura se ha convertido en algo demasiado personal? Cierto, un blog dice mucho de la persona que lo crea, la manera que lo llevas, el modo en que te diriges al mundo. Hay blogueros más entusiastas, los hay más introspectivos. Considero demasiado íntimo que alguien lea lo que escribo o cuáles son mis gustos, mis esperanzas o mis frustraciones, porque todo eso se puede intuir a través de algo que has creado.

Y aún así adoro pasearme por otros blogs. Unos me hacen "tilín" al momento y otros me dejan indiferente. Se nota cuando son únicamente una herramienta de promoción y cuándo una persona lo ha creado con amor. Si no eres bloguero estarás flipando con lo que digo y lo más seguro es que no lo comprendas. No pasa nada. Yo en realidad pretendía algo con esta entrada, a ver si logro ir a ello. 

Leo y escribo. Más bien leo y escribía, y escribir me causaba un placer enorme, hasta el punto que se convirtió en una obsesión y comencé a recortar horas de mi día a día (el cual no tiene nada que ver con la escritura) para dedicarlo a escribir. Por suerte mi trabajo me lo permitía. Escribí un libro al que quiero tanto como a un hijo (de nuevo, si nunca has escrito, no podrás comprender de qué demonios  hablo), también lo imprimí, lo encuaderné, le creé un blog sin saber siquiera que otras personas hacían lo mismo. Me entusiasmé. Luego vine a España (soy española pero exiliada por trabajo durante unos años) y comencé a ir a un taller de escritura creativa. Empecé a escuchar sobre estereotipos, sobre personajes maduros, sobre diálogos interesantes, sobre Cortázar, Borges, sobre las editoriales, sobre agentes literarios, y un largo etc... Me deprimí y aparté el libro y todos los escritos que había hecho hasta entonces. Cuatro meses después dejé el taller y solo me dediqué a leer. No llegué a enviar el libro a ninguna editorial, para que veas mi capacidad de aguantar críticas: prefiero evitar el daño. 

Eso sí, leía a destajo en mi ebook y si un libro me entusiasmaba lo compraba en papel. Poco a poco comencé a escribir varios relatos (algunos de ellos están en este blog, otros no los he registrado todavía y por eso los guardo para mí, y otros los escondo incluso de mí porque no me llegan a convencer). 

Y entonces un día caigo en el blog de Fuera de serie, para nuevos escritores. Me parece una magnífica iniciativa, y aunque lo seguiré, soy demasiado miedosa para exponer ninguno de mis  trabajos a la crítica. A partir de él desemboqué en otros blogs, otras páginas, y  me encontré con el grupo RESEÑAS de facebook, en el que pedí ser admitida. Es una plataforma que une escritores con blogs de reseñas. No me presenté al grupo ni dije nada porque conforme más leía del grupo, más dudas tenía. Entonces, ¿qué soy yo, escritora o bloguera? Dos cosas son seguras: no voy a dar a nadie uno de mis escritos porque no los considero lo suficientemente buenos; y segundo, mi blog no es únicamente de reseñas. De hecho, no es para nada de reseñas. Creo que este pedazo de entrada es una especie de disculpa para este grupo: cuando un libro me gusta, lo adoro, necesito explicarle al mundo que me encantó, que me metí dentro, que fui codo con codo con el personajes principal, que la historia me absorbió. Si un libro no me dice nada, no dice nada, y una vez terminado (rara vez dejo un libro a medias) trato de olvidarlo. ¡Yo no puedo leer algo y buscar lo bueno y tratarlo con gentileza para expresar de manera suave que fue un bodrio! Pero hay algo que sí que puedo hacer, y de hecho lo he hecho. Compré tres libros del grupo de Reseñas, y aunque no voy a hacer una reseña, si voy a recomendar uno de ellos. 

Princesa, de Patricia Sutherland.






Sinopsis:
Teresa Tess Gibb es una inglesa culta e independiente que vive en Estados Unidos desde hace quince años. La editorial para la que trabaja en Boston, acaba de nombrarla editora de una nueva colección de la que se hará cargo tan pronto regrese de Londres, de visitar a los suyos.
Pero lo que prometía ser poco más que unas cortas vacaciones en familia, se convierte en un viaje que transformará completamente su vida cuando recuerdos del pasado se entremezclan con la familiaridad del entorno, y Tess se da cuenta que lleva años echándolo en falta.
Todo continúa igual que en sus recuerdos, entrañable y a la vez, irremediablemente pasado: su familia, su casa, su barrio, su hermana -eternamente enamorada del vecino de al lado…
Todo excepto él, Dakota, el vecino de al lado, un anti-héroe por el que Tess se siente inexplicablemente atraída a pesar de ser el amor platónico de su hermana…
Y de ser once años mayor que él.
Es una novela romántica contemporánea. En primer lugar he de decir que no es el género que más me gusta, pero sobre todo por los tópicos en los que caen las autoras. Pero Princesa no es ni empalagoso, ni enrarecido, ni nada de eso. Los personajes me encantan, son redondos, y sientes afinidad. La historia es entretenida y dinámica, no hay un solo momento en que te aburras o puedas dejar el libro apartado para seguir luego. A mi me ha tenido enganchada de principio a fin. Y por eso lo recomiendo. 
Aquí os dejo una bonita reseña del libro, que por cierto ha tenido muy buena acogida.
Aquí os dejo el booktrailer, una pasada, me encanta, creo que tanto la música como los personajes escogidos  han sido un acierto.


También os dejo el blog de la autora, y por supuesto, el enlace para que podáis comprar el libro, aquí

De los otros dos libros que compré, de uno voy a abstenerme de comentar, y el otro lo he comenzado hace unas horas, y me gusta por ahora, así que lo recomendaré si el final es igual de bueno que el principio. 

Así que lo siento por toda la confesión anterior, mi objetivo solo era explicar un poco dónde encajo en este mundillo y por qué yo no seré capaz de realizar reseñas de todos los libros que lea, por qué no pido un libro directamente al autor (prefiero leerlo en el anonimato y así si no me gusta, no me siento obligada a decir nada de él y como resultado todos contentos), y por qué no soy de las personas más participativas en los grupos. Pero decir que sigo vuestros comentarios y os admiro por cómo sois y el tesón con que perseguís lo que os gusta. 

Y desde mi pequeño rincón os animo a seguir escribiendo, seguir reseñando, y a los lectores, a dar una oportunidad a estos libros porque son pequeñas obras de arte por  descubrir y disfrutar. 


lunes, 31 de octubre de 2011

El TEMOR DE UN HOMBRE SABIO de Patrick Rothfuss

                                
                              «Todo hombre sabio teme tres cosas:


                                               una tormenta en el mar, 


                                                 las noches sin luna 


                                  y la cólera de un hombre bueno» 




Por fin llega a España la segunda parte de El nombre del viento, de Patrick Rothfuss. Este hombre es profesor de literatura, admirador de las sagas fantásticas, y escritor en la intimidad en sus ratos libres. Hasta que se publicó su primer libro, un éxito de crítica y ventas, y algo tremendo teniendo en cuenta que nunca antes había escrito nada. En realidad sí que había escrito, y lo estamos leyendo ahora. Le ha llevado quince años en la sombra escribir esta trilogía, en mi opinión personal, magnífica, atrayente, adictiva, cuidadosamente escrita, giros de tuerca que no imaginas, unos personajes redondos... pero Kvothe... te encariñas con él desde el primer capítulo de su infancia. Es el antihéroe al que todos encumbran y del que todos hablan, todo el mundo le conoce por rumores, y sin embargo dirías que todo  lo que le ha ocurrido ha sido accidental. No tiene nada que ver  con el Sartán de El ciclo de la puerta de la muerte, Kvothe es un protagonista fuerte, carismático, y que sabe lo que hace, inteligente y valiente, pero joven todavía, al menos en El nombre del viento, el primer libro de esta trilogía. Por los comentarios "echados" al aire que he visto por ahí, esta inocencia suya desaparece en este segundo libro que se estrena... ¡YA! El 4 de noviembre.

No soy (corrijo: era) fan de la novela fantástica. Compré el libro un día en el aeropuerto mientras esperaba mi vuelo, me llamó la atención la portada, la sinopsis me dejó totalmente estupefacta, no había leído nunca una sinopsis tan atrayente, y de pronto lo estaba comprando y diciéndome si estaba comentiendo un error, "¡con todos los maravillosos libros que podría estar comprando, seguro que este no es mi estilo!", pensé. Pues nada más lejos de la realidad. Desde entonces y hasta ahora me declaro seguidora de la épica fantástica, y agradezco a este hombre que me haya abierto un mundo completamente desconocido.

Aquí os dejo el prólogo y los dos primeros capítulos en castellano.

Trailerbook:


                                         ... sin palabras...

domingo, 4 de septiembre de 2011

Por los derroteros de un apagón...

“Asomada a los cristales de la ventana, oyendo rugir fuera el viento y contemplando la oscuridad, casi hubiera deseado que el viento sonase más lúgubre, que la oscuridad fuera más intensa y que el alboroto de las voces de las escolares se elevase de tono todavía más” (fragmento tomado de Jane Eyre, Charlotte Brönte)





Esta mañana me quedé sin luz. Sucede a las 6 a.m., recién levantada, sin velas, con el café haciéndose en una cafetera italiana en la cocina eléctrica. Me encontraba queriendo despertarme frente a mi maleta (en un mes no he llegado a deshacerla), cuando me quedé a oscuras. Vale, no pasa nada, me quedan otros cuatro sentidos. Me arrastré a tientas hasta la cama, donde juraría que había dejado el móvil, única fuente de luz que se me ocurrió en aquel momento. A continuación, ya con la luz del móvil en la mano y alumbrando a medias mis pasos, alcancé la batería del ordenador, en el interior de la funda, y la coloqué para que se siguiera cargando el ebook, del cual pretendía hacer uso durante la mañana. Conseguí vestirme (tampoco es que tuviera mucho donde elegir, pues nuestro uniforme consiste en pantalón corto y camiseta negra con el letrero “kinésithérapeute de Saint Louis” en letras blancas). Luego abrí la puerta. Es una puerta doble con cristales cubiertos por visillos a la que sigue unas contraventanas de madera que en general mantengo abiertas, pero vivo en un estudio a pie de calle, por lo que de noche las cierro. Dan a una pequeña zona de aparcamiento, no suele haber más de tres coches al mismo tiempo. Más allá de este asfaltado, hay bosque, un extenso, frondoso y oscuro bosque de abetos. 





Abro las puertas y las contraventanas y veo la noche desvanecida, el día despertando poco a poco, el justo resplandor para permitirme adivinar los rincones sombreados de escarcha bosque adentro. Ha llovido durante la noche. El silencio y la quietud se acompasan. El ambiente es fresco, pero no frío, y se respira puro. Vapores de hierba mojada y raíces se elevan y penetran mi estudio. Detrás del aparcamiento comienza la línea definida del bosque. Las nubes han bajado y un colchón de niebla blanca se arrastra hacia dentro, por entre los troncos. Gotitas en suspensión te empapan sin darte cuenta. Sin luz, solo el creciente resplandor del cielo, la claridad suavemente filtrada entre ramas, derramando claros plateados, se puede apreciar lo agradable que podría haber sido el lugar de haberse mantenido aislado. Entonces a mis espaldas reverbera un crujido, lo identifico como la cafetera silbando.  ¡Qué maravillosa y sorprendente noticia! El fuego, al ser eléctrico, y ello con todas sus consecuencias, se había apagado al irse la electricidad, pero precisamente por tardar tanto en calentarse y guardar tantísimo tiempo después el calor, incluso apagado, ha tenido el tiempo justito de hacerme el café. Sentada en el escalón con el café en la mano, me imagino cómo sería mi vida sin electricidad. Siento repentinas ganas de leer Jane Eyre, de sumergirme en un mundo acorde con lo que veo, un paisaje brumoso, cielos plomizos y chimeneas acogedoras, corredores profundos, grises y estrechos; y bujías en mano deslizando por las paredes sombras de monstruos.

“Aún brillaba la luna y reinaba la oscuridad. El amanecer
invernal era crudo; helaba. Mis dientes castañeteaban, aterida de frío.
En el pabellón de la portería brillaba una luz. La mujer del portero estaba
encendiendo la lumbre. Mi equipaje se hallaba a la puerta. Lo había sacado de casa la noche anterior. A los cinco o seis minutos sentimos a lo lejos el ruido de un coche. Me asomé y vi las luces de los faroles avanzando entre las tinieblas”

 “No llovía, pero una amarillenta y penetrante neblina lo envolvía todo, y los pies se hundían en el suelo mojado. Las chicas menos vigorosas se refugiaron en la galería para guarecerse y calentarse. La densa niebla penetró tras ellas”


Siempre he deseado haber nacido en el siglo XIX. Para mí Midnight in Paris, la última de Woody Allen, fue un descubrimiento. Adoré  la tienda de nostalgia, y me sentí gratamente identificada con las extravagancias y el espíritu entusiasta del protagonista. ¡Cómo hubiera disfrutado encontrarme en París y, en el interior de un carruaje, retroceder en el tiempo, al son de unas campanadas, y vivir por una noche en el París de final de siglo XIX! No adelanto nada, para aquellos que no la hayan visto, pues esto es solo la esencia de la película.

Me dicen que hasta que no se reanude la electricidad no podemos trabajar, por lo que me refugio en mi estudio. Me dan una vela encendida y la coloco sobre la mesa, con la puerta abierta y la cortina echada para que no me molesten. Fuera todavía está oscuro. Me siento en la butaca, acerco el ebook al halo de la llama y comienzo a leer Cumbres Borrascosas.

"He vuelto hace unos instantes de visitar a mi casero y ya se me figura que ese solitario vecino va a inquietarme por más de una causa. En este bello país, que ningún misántropo hubiese podido encontrar más agradable en toda Inglaterra, el señor Heathcliff y yo habríamos hecho una pareja ideal de compañeros. Porque ese hombre me ha parecido extraordinario. Y eso que no mostró reparar en la espontánea simpatía que me inspiró. Por el contrario, metió los dedos más profundamente en los bolsillos de su chaleco y sus ojos desaparecieron entre sus párpados cuando me oyó pronunciar mi nombre y preguntarle:

-¿El señor Heathcliff?

Él asintió con la cabeza.

-Soy Lockwood, su nuevo inquilino. Le visito para decirle que supongo que mi insistencia en alquilar la «Granja de los Tordos» no le habrá causado molestia.

-Puesto que la casa es mía -respondió apartándose de mí- no hubiese consentido que nadie me molestase sobre ella, si así se me antojaba. 


Pase."





domingo, 21 de agosto de 2011

TU HISTORIA, TU DECISIÓN, TU VIDA



Dramatizas poco y ríes mucho, a pesar de tu pésima situación, como aquel que, a la mesa redonda de una apuesta de naipes se tira un farol en la última tirada, lanzando su último recurso al centro e intercambiando en un ruego el favor divino a cambio de nunca más tocar un naipe. Bobadas, dices, tragando de un golpe tu birra entre los humos de tu cigarro liado. Me tocas el hombro en un apretón, sonriendo con desparpajo embustero, dando una palmada de macho y amigo, y te sitúas en la barra para esconder tu cara entre luces, música y humo, tras las gafas de sol que no te quitas, amparado por una película de sudor que te caracteriza y el pelo brillante de olor a fiesta, alcohol y dejadez, arrastrando una estela de vagabundo y un humor exaltado que la gente aprecia, tus “amigos” aclaman al rodearte cuando cuentas una anécdota sin sentido, de la que ríen porque también ellos apuestan y ven tu mundo, atraídos por las rondas que repartes para ganarte adeptos con los que terminar la noche, la eterna juerga, la falta de valentía para enfrentar la vida fuera del universo químico que te secuestró hace un año. Más tarde te seguirán por la puerta trasera del “Nocturna” para encontrarte con ella, huesuda, desmadejada, vestida en un cuerpo de niña que no creció a tiempo y renqueante sobre sus tacones, momificada por tiras de cuero, un fresco decadente pintado en la cara de rímel corrido y labios besuqueados. 

Como desde el principio, te dará lo que necesitas, os  tocaréis la superficie en un intercambio de saliva y sudor para reforzar lo que os une. Tal vez ella gima, le agarres las greñas despeinadas con fuerza y os restreguéis fingiendo deseo aprendido, ella te rodeará las caderas con piernas quebradizas de pollo y reiréis al caer contra la pared, como si fuerais un grafiti más del muro. Pero pronto la coca en tu mano bien agarrada llama más con su silenciosa promesa que la niña en tus manos, y ella rápido encontrará otro cliente proclive a quien encerrar en su vida, tal como hizo contigo, y ambos seguiréis camino hasta la próxima llamada de urgencia a la que ella acudirá como salvadora, droga en mano, prometiendo la cúspide del cielo y el triunfo sin añadir que, al caer, lloras, y que cuando se está en una montaña rusa, a toda subida sigue su bajada.



 



Gema María Azorín

miércoles, 17 de agosto de 2011

LOS JUEGOS DEL HAMBRE

¡Yo también caí en la tentación!

Ni son libros hogareños ni contienen el realismo mágico que tanto me atrae en Cristina López Barrio o Ángela Becerra. No son policíacos ni romances ni históricos. Es fantasía, pero no épica, y crudamente real. "Para adolescentes"... bueno...Son ADICTIVOS. Comienzas en la sinopsis y terminas con el corazón enterrado en el pecho tras la última hoja del último libro. Bien, no voy a hacer reseña porque, sinceramente, ya existen muchas y mucho mejores que la que pudiera hacer yo, pero sí que me uno a la promoción gratuita y sin ánimo de lucro que se hace de buenos libros a través de blogs creados "porque sí", porque también podemos existir sin la publicidad y de consejos bienintencionados.

Hablo de la saga "Los juegos del hambre" de Suzanne Collins.






Es la hora.

Ya no hay vuelta atrás.

Los juegos van a comenzar.

Los tributos deben salir a la Arena y...

luchar por sobrevivir.


Un pasado de guerras ha dejado los 12 distritos que dividen Panem bajo el poder tiránico del Capitolio. Sin libertad y en la pobreza, nadie puede salir de los límites de su distrito. Sólo una chica de 16 años, Katniss Everdeen, osa desafiar las normas para conseguir comida.
Sus principios se pondrán a prueba con "Los Juegos del Hambre", espectáculo televisado que el Capitolio organiza para humillar a la población.
Cada año, dos representantes de cada distrito serán obligados a subsistir en un medio hostil y a luchar a muerte entre ellos hasta que quede un solo superviviente.

Cuando su hermana pequeña es elegida para participar, Katniss no duda en ocupar su lugar, decidida a demostrar con su actitud firme y decidida, que aún en las situaciones más desesperadas hay lugar para el amor y el respeto.


BOOKTRAILER




Pinchando aquí puedes leer el primer capítulo de Los Juegos del Hambre. 



EN LLAMAS

Es la segunda parte de Los juegos del Hambre

¡ATENCIÓN! La sinopsis contiene spoliers, por lo que aconsejo no leer si no se ha terminado el primero. 


Contra todo pronóstico Katniss ha ganado los Juegos del Hambre. Es un milagro que ella y su compañero del Distrito 12, Peeta Mellark, sigan vivos. Katniss debería sentirse aliviada, incluso contenta, ya que, al fin y al cabo ha regresado con su familia y con su amigo de toda la vida, Gale. Sin embargo, nada es como a ella le gustaría. Gale guarda las distancias y Peeta le h dado la espalda por completo. Además se rumorea que existe una rebelión contra el Capitolio...

SINSAJO

Tercera parte de la saga Los juegos del Hambre


Katniss Everdeen, ha sobrevivido de nuevo a LOS JUEGOS, aunque no queda nada de su hogar. Gale ha escapado. Su familia está a salvo. El Capitolio ha capturado a Peeta. El Distrito 13 existe de verdad. Hay rebeldes. Hay nuevos líderes. Están en plena revolución. El plan de rescate para sacar a Katniss de la arena del cruel e inquietante Vasallaje de los Veinticinco no fue casual, como tampoco lo fue que llevara tiempo formando parte de la revolución sin saberlo.

El Distrito 13 ha surgido de entre las sombras y quiere acabar con el Capitolio. Al parecer, todos han tenido algo que ver en el meticuloso plan..., todos menos Katniss.