sábado, 1 de abril de 2017

Un cuento cualquiera...

Perdonad este cuento en mitad de la nada. Lo escribí hace unos 6 años y lo tenía en borradores. Y hoy he decidido publicarlo porque si. ¿Se nota que me gusta el lenguaje recargado? Ahí donde todos los blogueros literarios alaban un lenguaje sencillo, yo me pirro por lo rocambolesco, ¡adoro el sonido de las palabras aunque no digan nada! Tranquilos, con el tiempo he aprendido el delicado arte de eliminar adjetivos, pero aquí quedan restos de mi "yo" antiguo, uno que me encanta. De vez en cuando me suelto y me pongo a escribir solo hilando palabras extrañas y una metáfora con otra y suelen quedar desvaríos como éste.

Un cuento cualquiera...



En plena llanura se descubren dos criaturas superpuestas. Él es un Celeste y ella una Harpía. Él es mágico y de contorno trasparente, podría desvanecerse en el remolino de una nube más corpórea; ella es terrenal, sólida e irresistible, mitad mujer mitad ave, una rapaz de vidas que al consumir éstas, mantiene sus garras francas. Entre ellos se expanden incuantificables cambios evolutivos de dos razas siamesas que, por insidia o ignorancia, se relegaron a la lejanía del infinito una de otra.





En este lugar en que se han encontrado, las medidas del cuándo y dónde se disgregaron en la reversión del mundo. El tiempo es desplazado a memorias de ancianos, desdoblado en un pretérito sin pasado en que el espacio huye solo y en la ecuación solo existe amor y odio. Sus respectivas existencias resisten en una frágil balanza de opuestos: ella se alimenta de vidas y él pretende exterminar su raza. Ambos se odian desde centurias y espacios sin medida, han perseguido, buscado y querido este encuentro desde la coexistencia, aún antes de que ambas destrabaran su senda porque él perdió un hermano y ella esquivó la muerte aspirando años de vida, todos los que su hermano hubiera vivido si ella, la Harpía de pelo de humo, no hubiera atajado lo establecido.




-  Dime lo que has venido a hacer. Cuéntame por qué te tengo como enemigo en lugar de aliado. Dime ahora que tu rostro ve el mío sin sombras, con la sinceridad entre medias, qué cosas hermosas sacrificarás cuando esto esté terminado.

En silencio habló en su lenguaje de miedos, de cansancios, se reflejó en el vacío de su mirada. Se le caían los recelos y la criatura divina, alada, se comunicaba con su pena. En el Alter Mundo, por encima de los pensamientos terrenales, las vibraciones unen conciencias y presagios, la fuerza duda en manos de un guerrero parapetado de dolor a lo equivocado; pero más doloroso y temido es acorralarse a sí mismo, no comprender la propia lucha y desenfocar el objetivo, dejarse volar por un sentimiento.

- Mátame - suplica el Celeste, valiente en su derrumbe, poderoso en su orgullo.
La desesperación que desprende el Celeste desarma a la Harpía.

- Sufres. ¡Oh Dios, cómo sufres!

- Sí. Mátame - repitió.

El Celeste se permite ser cogido, abrazado, acarreado donde el sol quema menos, donde el sabor del cielo es fresco, benigno. La criatura que lo mece entre sus garras es tierna y compasiva, tan hermosa, qué lástima el destino, la vida…

- Soy una Harpía, mi amor - murmura ella, con la voz perdida -, yo asesino, no puedo luchar contra mi naturaleza igual que la tristeza no lucha contra las lágrimas. Mi existencia se basa en tomar otras vidas, y en esa bondad radica mi fuerza, mi elegancia, mi decencia. Soy buena con quienes me ayudaron, pero castigo a los confusos, por su bien, bajo pena de que, en pos de una mente enredada, sus actos sean determinantes u ofensivos, y creen desgracias. No puedo permitirlo. Te mataré, sí, Celeste, porque sufres por tu hermano, al que obedecí al arrebatarle la vida para obtener esos años tan preciados que le quedaban, pero a fé que no los utilicé, sólo fui la guardiana, soy quien cuida esos años preciosos para repartirlos como convenga. Te llevan tiempo esperando. Y en cuanto estés muerto, piensa en él, dale las gracias, y luego respira con los años que hubieran sido de tu hermano, tu familia, que tan felizmente sacrificaron sus vidas por ti, para dártelas. Y con mi muerte podrás olvidar lo que adoptaste como finalidad de tu existencia, y dedicarte a buscar no la muerte, o la venganza, sino la felicidad que ellos quisieron.

- Soy un asesino - se tortura, volcándose en el vacío.

- Se llama libre albedrío. Tú nunca lo hubieras hecho, ni siquiera concebido apoderarte de los años de tus hermanos, pero descansa ya, Celeste, en este trío de odios que nos ha perseguido toda la vida, tú has salido venciendo.

"...y el Apocalipsis llegará siendo humilde" cita el Celeste en su memoria.

- Eres la Muerte… - musita, despertando.

- Y tú eres mi hijo.






Gema María Azorín




Mil gracias por leerme, alma torturada (por mi y mis escritos, claro)
¡Nos leemos!

6 comentarios:

  1. ¡Hola! Me gustó mucho el cuento, escribís muy lindo :) Y a mi me gusta el lenguaje recargado jajaja
    Saludos desde Blog de una lectora apasionada

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Mailén. Pues ya tenemos algo en común ;-)
      Un beso!

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  2. he tenido que volver a tu blog a releerlo... jijiji

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