sábado, 19 de mayo de 2012

La Saga de los Longevos: La Vieja Familia


Cuando compro un libro me limito, en un principio, a leer la sinopsis y ver la nacionalidad del autor. No es que cambie mi opinión el nombre del autor: si la sinopsis me llama la atención, lo compro, sea el nombre de la portada Ken Follet o Pepita Sánchez, pero es indicativo, ¿no?

No era la primera vez que veía comentarios sobre esta saga, pero me pusieron un caramelito delante que no pude rechazar. Leí en un blog que si le das a “me gusta” en la página de facebook de la saga (Link aquí para obtenerlos), la autora te recompensa con los primeros 9 capítulos gratis. Lo hice, y lo hizo. Aquí tenéis la sinopsis.

SINOPSIS

Iago del Castillo, un carismático longevo de 10.300 años al frente del Museo de Arqueología de Cantabria, se ve arrastrado, en contra de su voluntad, a dirigir una investigación genética: sus hermanos Nagorno —un conflictivo escita de casi 3.000 años— y Lyra —una huidiza celta de 2.500 años—, cansados de enterrar durante siglos a sus familias efímeras, están obsesionados con identificar su rara mutación y tener hijos longevos.

Adriana, una joven y resuelta prehistoriadora, regresa a su Santander natal, contratada por el museo, dispuesta a aclarar el extraño suicidio de su madre, la psicóloga de cabecera de la alta sociedad cántabra, ocurrido quince años atrás.

Iago y Adriana chocan desde el primer momento, aunque entre ellos surge una intensa atracción que ambos intentan ignorar. Pero poco imaginará Adriana que la muerte de su madre tuvo mucho que ver con lo que le ocurrió a “la vieja familia” en el pasado y obligó a Iago a entrar en la investigación del gen longevo. Cuando descubran la cruda realidad y reaccionen, las consecuencias de sus actos les dejarán marcados para siempre.

En realidad me parece simbólico, porque a la hora y media de haberme descargado esos 9 capítulos, estaba entrando en amazon (Aquí tenéis el link) para comprar la novela entera por solo 3, 08 Euros… lo que dije, precio simbólico, ¿no? Sobre todo por una novela de estas características: 735 páginas de historia finamente hilada y documentada (pone en evidencia un proceso de documentación abrumador), una trama intensa que no te da un respiro, y un final que te deja con una buena sensación de plenitud, de haber disfrutado y, sobre todo, que te deja dando la vuelta a la siguiente página porque ¡quieres saber más! Un bravo a la autora por eso. Pero lo más curioso es que, en mi caso por lo menos, suelo comenzar a leer con tiento, analizando la escritura, los personajes e incluso la distribución de partes, prólogos y capítulos. Sin embargo, pronto ocurrió: dejé de analizar nada para verme sumergida de lleno en la historia, los personajes y solo ese insufrible “¿y qué pasa ahora?” que me llevó a coger el libro un domingo y terminarlo en lunes de madrugada (y de paso llevarme más de una bronca porque “no te puedes pasar todo el día leyendo y leyendo y leyendo como si la vida solo fuera eso” Y yo digo, “Y, ¿por qué no?”. Dilemas aparte:

Los personajes están muy bien perfilados. Tenemos dos buenos estereotipos en las figuras de Nagorno y Héctor. Me han encantado. Hay que tener en cuenta que debe de ser dificilísimo construir personajes de 25.000 años. ¿Cómo puede cambiar y transcurrir la personalidad de un escita de 3.000 años que ha guardado un rencor enfermizo durante todo este tiempo? Y Héctor, tan carismático y sensible que le coges cariño en seguida. Precisamente esa forma de ser le ha permitido llegar hasta donde está sin volverse loco. Tenemos a los protagonistas, Iago del Castillo,  de 10.300 años, y a Adriana, una chica normal de 33 años que entra a trabajar en el museo y que pronto notará cosas extrañas, así como una fuerte atracción por su jefe. La historia tiene lo justo de acción, romance y misterio. Los capítulos son narrados en primera persona, unas veces por Adriana y otras veces por Iago. Se intercalan capítulos en los que retrocedemos en el tiempo y que nos desvelan sucesos que explican la personalidad y comportamiento de nuestros protagonistas y que se hacen amenos, y esta opinión viene de una lectora que aborrece esos cortes en las historias, por lo que más mérito tiene, porque en ningún momento he pensado “bueno, que se pase ya esta capítulo y volvamos al tema”. Pues no, esos saltos en el tiempo son súper necesarios y amenos, y se pasan sin darte cuenta.

Otra cosa: las sorpresas. La novela está repleta de pequeñas alusiones a la historia, prehistoria y mitología, elementos que la hacen más creíble y que me dejaron fascinada. Hay varios giros inesperados que no te esperas, y que transcurren al margen de la trama principal (y aquí es donde me muerdo la lengua porque no quiero desvelarlos).

Imprescindible: el humor. No es una novela humorística ni irónica, pero con el primer capítulo disfruté de unas risas más que necesarias. Iago del Castillo despierta de manera brusca en San Francisco, con la memoria rota por completo. Le quedan restos de una memoria anciana que le harán ver las últimas tecnologías del hotel en el que se encuentra de una manera bastante cómica.
Para finalizar, comento, aunque es evidente, que existe una segunda parte (para algo se llama Saga, ¿no?), y que el próximo protagonista tiene una pinta que ya me estoy relamiendo. Eva cariño, ese es mi protagonista, así que esperaré con ganas la segunda parte de la saga (por favor, no tardes mucho).

Para los que quieran saber más acerca de:


¡La novela en papel sale a la venta en librerías el 22 de mayo con la editorial La Esfera de los Libros!

Aquí os dejo el trailer, por si todavía queda alguna duda:


Para quienes quieran los nueve capítulos gratis, más arriba puse el link de la página de Facebook.

Comentar que la autora estará en la Feria del Libro el próximo fin de semana en Madrid (26 y 27 de mayo). Ya que ha publicado con La Esfera de los Libros (¡Enhorabuena por eso también), la encontraremos allí. Y para los alicantinos, tenéis una cita en La Casa del Libro el viernes día 1 de junio, donde Eva estará para una presentación en toda regla (qué pena que no pueda ir).

Por último, y de manera más personal, quería comentar que hacía muuuucho tiempo que no escribía en mi humilde y querido (y olvidado)  blog. He estado ocupada, y además esto funciona por rachas, al menos en mi caso, lo que no quiere decir que haya apartado las lecturas. ¡Nada más lejos! Sigo leyendo y leyendo y leyendo, y sorprendiéndome por las novelas que leo del grupo Reseñas de Facebook (en su mayoría autopublicados) . Que esta novela, La Saga de los Longevos: La Vieja Familia, me haya sacado de mi mutismo bloguero solo es una prueba de lo que me ha impactado, y creo que no hay mayor piropo que ese. 


viernes, 6 de enero de 2012

La receta del éxito



Comienzo a entrar en una vorágine de superficialidad, e intuyo a que es debido a una cruel falta de lectura interesante. Sin embargo sé que no es eso, pues no faltan en mi mesilla libros con gran carga inteligente, por lo que deduzco inevitablemente que es culpa mía y sólo mía y de mi descentraje. También de lo que me ocurre se pueden sacar conclusiones. Veamos:





Reglas para alcanzar la felicidad objetiva y el éxito personal y profesional (bla, bla, bla...)


1. Los Planes. Son imprescindibles. ¿Qué harás en Nochevieja? Quedarme en casa si lo consigo. ¿En serio? (lo preguntan con pena) Luego te proponen un plan que seguramente a ellos se les antoja mil veces mejor que el tuyo, pero rehusas, y no comprenden por qué prefieres tu casa, tu copa de vino, tu cama, una madrugada de gente durmiendo y tú despierta con un  café en la mano y un libro en la otra. No, nadie lo comprende. Pero son amigos, familia, gente que te quiere, lo hacen por tu bien. No les puedes culpar por pensar que a) Estás deprimida y por eso no quieres salir de casa; b) Nadie te quiere y por eso estás tan sola. Da pena no ser comprendida por los que más te quieren.

2. Trabajo. Mucho. De manera que ocupe la mayor parte de tus horas del día y puedas llegar así a casa rendida, con la conciencia de estar contribuyendo y de que "lo has hecho bien", "sirvo para algo". Cuanto más cansado y más horas hayas echado, mejor. Si te oyen decir "es que no tengo tiempo para mis cosas", te responden "¿Para tus qué...? Con la que está cayendo ya puedes estar feliz de tener trabajo". Agachas la cabeza. "Claro".

3. Salir de fiesta. Muy importante salir a cenar a una franquicia (¡ojo a este detalle!: si es un bar acogedor cuyo dueño es amable y sus hijos preparan la comida porque toda su vida se les ha dado bien la cocina, no vale); y a continuación ir al cine (domingos, de ahí haber pasado antes por la franquicia del centro comercial), o a una discoteca tipo Buda (sábados o viernes noche), emborracharte (si no, no vale) y hacer alguna gilipollez. Si luego coges el coche y te libras de un control por los pelos y llamas contándolo y descojonándote, ganas puntos.

4. Ropa de marca, firma, diseñador... como se llamen. Si llevas algo nuevo, te preguntarán dónde lo compraste, cuánto costó, amparándose en la excusa de que igual se lo compran igual porque les ha encantado. Si te lo ha hecho tu abuela porque de coser sabe mucho más que los chinos que lo hacen todo hoy día, tampoco vale. 

5. Viajar a Londres, Nueva York o París. Una vez estás allí has de visitar tiendas de ropa y museos, comer en los sitos más vistosos, y nunca nada típico del lugar, ¿eh? Cuando vuelvas, recupera esos días perdidos de no haber ido al gimnasio. 

Estas son algunas de las directrices para ser feliz. Por cierto, la peli ha de ser una comedia tipo Jennifer Aniston, o ir de marcianos que quieren matar al presi de los Estates. Esta es la guinda del pastel. Si haces todo esto, el éxito está asegurado!!!! Luego hay que publicarlo todo en facebook, porque si la gente no se entera no tiene sentido, ¿no? Si te preguntan qué libro lees: Los pilares de la tierra, y añades "aunque no tengo casi tiempo para leer". Música: Dani Martin para las chicas. 

Que nunca te oigan decir que quieres tiempo para ti, que quieres ir a esta obra de teatro de esa compañía local, ni a la presentación de ese libro de autoedición. Que no sepan que valoras más tu tiempo sola, lo que sale de ti sin nadie alrededor, que la persona que sigue la corriente cuando está con los demás "¿Vamos a ver la nueva de Matt Damon?"."Bueno"  Que tus seres queridos  no se enteren de que eres más feliz sin los planes que todos adoran, que prefieres la sorpresa, el poder decir "tal vez mañana me vaya a este sitio, sí, ¿por qué no?" sin ataduras, tan libre, tan monstruosamente aleatorio frente a una existencia fija y ordenada.....






Me siento atada en lujo. Tal vez esta sensación viene dada por un nuevo trabajo, fijo, al lado de casa, gratificante... todo lo que debería desear. O tal vez es porque mi vida está encarrilada, vida sentimental fija, amigos que son amigos, ocio reconfortante, independencia... tan bueno, tan exitoso... no lo debo dejar. Algún día conseguiré quitarme de encima esta sensación de querer romper con todo, desnudarme de la vida perfecta y volver a correr a otro sitio donde empezarlo todo de cero. Me dicen que algo que has estado haciendo desde hace diez años es difícil de parar, así que mientras lucho con las ataduras me diré cada mañana en el sofá, con el café nespresso, frente a las noticias "Iré a trabajar, comeré con él, iré a entrenar, llamaré a mi amiga en el coche de camino a casa, todo va bien, es lo que quiero, qué suerte tengo".



Es la receta del éxito... o tal vez solo otra sarta de delirios.



jueves, 17 de noviembre de 2011

Princesa de Patricia Sutherland



Princesa, de Patricia Sutherland.







Sinopsis:
Teresa Tess Gibb es una inglesa culta e independiente que vive en Estados Unidos desde hace quince años. La editorial para la que trabaja en Boston, acaba de nombrarla editora de una nueva colección de la que se hará cargo tan pronto regrese de Londres, de visitar a los suyos.
Pero lo que prometía ser poco más que unas cortas vacaciones en familia, se convierte en un viaje que transformará completamente su vida cuando recuerdos del pasado se entremezclan con la familiaridad del entorno, y Tess se da cuenta que lleva años echándolo en falta.
Todo continúa igual que en sus recuerdos, entrañable y a la vez, irremediablemente pasado: su familia, su casa, su barrio, su hermana -eternamente enamorada del vecino de al lado…
Todo excepto él, Dakota, el vecino de al lado, un anti-héroe por el que Tess se siente inexplicablemente atraída a pesar de ser el amor platónico de su hermana…
Y de ser once años mayor que él.
Es una novela romántica contemporánea. En primer lugar he de decir que no es el género que más me gusta, pero sobre todo por los tópicos en los que caen las autoras. Pero Princesa no es ni empalagoso, ni enrarecido, ni nada de eso. Los personajes me encantan, son redondos, y sientes afinidad. La historia es entretenida y dinámica, no hay un solo momento en que te aburras o puedas dejar el libro apartado para seguir luego. A mi me ha tenido enganchada de principio a fin.
Aquí os dejo una bonita reseña del libro, que por cierto ha tenido muy buena acogida.
Aquí os dejo el booktrailer, una pasada, me encanta, creo que tanto la música como los personajes escogidos  han sido un acierto.


También os dejo el blog de la autora, y por supuesto, el enlace para que podáis comprar el libro, aquí




lunes, 31 de octubre de 2011

El TEMOR DE UN HOMBRE SABIO de Patrick Rothfuss

                                
                              «Todo hombre sabio teme tres cosas:


                                               una tormenta en el mar, 


                                                 las noches sin luna 


                                  y la cólera de un hombre bueno» 




Por fin llega a España la segunda parte de El nombre del viento, de Patrick Rothfuss. Este hombre es profesor de literatura, admirador de las sagas fantásticas, y escritor en la intimidad en sus ratos libres. Hasta que se publicó su primer libro, un éxito de crítica y ventas, y algo tremendo teniendo en cuenta que nunca antes había escrito nada. En realidad sí que había escrito, y lo estamos leyendo ahora. Le ha llevado quince años en la sombra escribir esta trilogía, en mi opinión personal, magnífica, atrayente, adictiva, cuidadosamente escrita, giros de tuerca que no imaginas, unos personajes redondos... pero Kvothe... te encariñas con él desde el primer capítulo de su infancia. Es el antihéroe al que todos encumbran y del que todos hablan, todo el mundo le conoce por rumores, y sin embargo dirías que todo  lo que le ha ocurrido ha sido accidental. No tiene nada que ver  con el Sartán de El ciclo de la puerta de la muerte, Kvothe es un protagonista fuerte, carismático, y que sabe lo que hace, inteligente y valiente, pero joven todavía, al menos en El nombre del viento, el primer libro de esta trilogía. Por los comentarios "echados" al aire que he visto por ahí, esta inocencia suya desaparece en este segundo libro que se estrena... ¡YA! El 4 de noviembre.

No soy (corrijo: era) fan de la novela fantástica. Compré el libro un día en el aeropuerto mientras esperaba mi vuelo, me llamó la atención la portada, la sinopsis me dejó totalmente estupefacta, no había leído nunca una sinopsis tan atrayente, y de pronto lo estaba comprando y diciéndome si estaba comentiendo un error, "¡con todos los maravillosos libros que podría estar comprando, seguro que este no es mi estilo!", pensé. Pues nada más lejos de la realidad. Desde entonces y hasta ahora me declaro seguidora de la épica fantástica, y agradezco a este hombre que me haya abierto un mundo completamente desconocido.

Aquí os dejo el prólogo y los dos primeros capítulos en castellano.

Trailerbook:


                                         ... sin palabras...

domingo, 4 de septiembre de 2011

Por los derroteros de un apagón...

“Asomada a los cristales de la ventana, oyendo rugir fuera el viento y contemplando la oscuridad, casi hubiera deseado que el viento sonase más lúgubre, que la oscuridad fuera más intensa y que el alboroto de las voces de las escolares se elevase de tono todavía más” (fragmento tomado de Jane Eyre, Charlotte Brönte)





Esta mañana me quedé sin luz. Sucede a las 6 a.m., recién levantada, sin velas, con el café haciéndose en una cafetera italiana en la cocina eléctrica. Me encontraba queriendo despertarme frente a mi maleta (en un mes no he llegado a deshacerla), cuando me quedé a oscuras. Vale, no pasa nada, me quedan otros cuatro sentidos. Me arrastré a tientas hasta la cama, donde juraría que había dejado el móvil, única fuente de luz que se me ocurrió en aquel momento. A continuación, ya con la luz del móvil en la mano y alumbrando a medias mis pasos, alcancé la batería del ordenador, en el interior de la funda, y la coloqué para que se siguiera cargando el ebook, del cual pretendía hacer uso durante la mañana. Conseguí vestirme (tampoco es que tuviera mucho donde elegir, pues nuestro uniforme consiste en pantalón corto y camiseta negra con el letrero “kinésithérapeute de Saint Louis” en letras blancas). Luego abrí la puerta. Es una puerta doble con cristales cubiertos por visillos a la que sigue unas contraventanas de madera que en general mantengo abiertas, pero vivo en un estudio a pie de calle, por lo que de noche las cierro. Dan a una pequeña zona de aparcamiento, no suele haber más de tres coches al mismo tiempo. Más allá de este asfaltado, hay bosque, un extenso, frondoso y oscuro bosque de abetos. 





Abro las puertas y las contraventanas y veo la noche desvanecida, el día despertando poco a poco, el justo resplandor para permitirme adivinar los rincones sombreados de escarcha bosque adentro. Ha llovido durante la noche. El silencio y la quietud se acompasan. El ambiente es fresco, pero no frío, y se respira puro. Vapores de hierba mojada y raíces se elevan y penetran mi estudio. Detrás del aparcamiento comienza la línea definida del bosque. Las nubes han bajado y un colchón de niebla blanca se arrastra hacia dentro, por entre los troncos. Gotitas en suspensión te empapan sin darte cuenta. Sin luz, solo el creciente resplandor del cielo, la claridad suavemente filtrada entre ramas, derramando claros plateados, se puede apreciar lo agradable que podría haber sido el lugar de haberse mantenido aislado. Entonces a mis espaldas reverbera un crujido, lo identifico como la cafetera silbando.  ¡Qué maravillosa y sorprendente noticia! El fuego, al ser eléctrico, y ello con todas sus consecuencias, se había apagado al irse la electricidad, pero precisamente por tardar tanto en calentarse y guardar tantísimo tiempo después el calor, incluso apagado, ha tenido el tiempo justito de hacerme el café. Sentada en el escalón con el café en la mano, me imagino cómo sería mi vida sin electricidad. Siento repentinas ganas de leer Jane Eyre, de sumergirme en un mundo acorde con lo que veo, un paisaje brumoso, cielos plomizos y chimeneas acogedoras, corredores profundos, grises y estrechos; y bujías en mano deslizando por las paredes sombras de monstruos.

“Aún brillaba la luna y reinaba la oscuridad. El amanecer
invernal era crudo; helaba. Mis dientes castañeteaban, aterida de frío.
En el pabellón de la portería brillaba una luz. La mujer del portero estaba
encendiendo la lumbre. Mi equipaje se hallaba a la puerta. Lo había sacado de casa la noche anterior. A los cinco o seis minutos sentimos a lo lejos el ruido de un coche. Me asomé y vi las luces de los faroles avanzando entre las tinieblas”

 “No llovía, pero una amarillenta y penetrante neblina lo envolvía todo, y los pies se hundían en el suelo mojado. Las chicas menos vigorosas se refugiaron en la galería para guarecerse y calentarse. La densa niebla penetró tras ellas”


Siempre he deseado haber nacido en el siglo XIX. Para mí Midnight in Paris, la última de Woody Allen, fue un descubrimiento. Adoré  la tienda de nostalgia, y me sentí gratamente identificada con las extravagancias y el espíritu entusiasta del protagonista. ¡Cómo hubiera disfrutado encontrarme en París y, en el interior de un carruaje, retroceder en el tiempo, al son de unas campanadas, y vivir por una noche en el París de final de siglo XIX! No adelanto nada, para aquellos que no la hayan visto, pues esto es solo la esencia de la película.

Me dicen que hasta que no se reanude la electricidad no podemos trabajar, por lo que me refugio en mi estudio. Me dan una vela encendida y la coloco sobre la mesa, con la puerta abierta y la cortina echada para que no me molesten. Fuera todavía está oscuro. Me siento en la butaca, acerco el ebook al halo de la llama y comienzo a leer Cumbres Borrascosas.

"He vuelto hace unos instantes de visitar a mi casero y ya se me figura que ese solitario vecino va a inquietarme por más de una causa. En este bello país, que ningún misántropo hubiese podido encontrar más agradable en toda Inglaterra, el señor Heathcliff y yo habríamos hecho una pareja ideal de compañeros. Porque ese hombre me ha parecido extraordinario. Y eso que no mostró reparar en la espontánea simpatía que me inspiró. Por el contrario, metió los dedos más profundamente en los bolsillos de su chaleco y sus ojos desaparecieron entre sus párpados cuando me oyó pronunciar mi nombre y preguntarle:

-¿El señor Heathcliff?

Él asintió con la cabeza.

-Soy Lockwood, su nuevo inquilino. Le visito para decirle que supongo que mi insistencia en alquilar la «Granja de los Tordos» no le habrá causado molestia.

-Puesto que la casa es mía -respondió apartándose de mí- no hubiese consentido que nadie me molestase sobre ella, si así se me antojaba. 


Pase."





domingo, 21 de agosto de 2011

TU HISTORIA, TU DECISIÓN, TU VIDA



Dramatizas poco y ríes mucho, a pesar de tu pésima situación, como aquel que, a la mesa redonda de una apuesta de naipes se tira un farol en la última tirada, lanzando su último recurso al centro e intercambiando en un ruego el favor divino a cambio de nunca más tocar un naipe. Bobadas, dices, tragando de un golpe tu birra entre los humos de tu cigarro liado. Me tocas el hombro en un apretón, sonriendo con desparpajo embustero, dando una palmada de macho y amigo, y te sitúas en la barra para esconder tu cara entre luces, música y humo, tras las gafas de sol que no te quitas, amparado por una película de sudor que te caracteriza y el pelo brillante de olor a fiesta, alcohol y dejadez, arrastrando una estela de vagabundo y un humor exaltado que la gente aprecia, tus “amigos” aclaman al rodearte cuando cuentas una anécdota sin sentido, de la que ríen porque también ellos apuestan y ven tu mundo, atraídos por las rondas que repartes para ganarte adeptos con los que terminar la noche, la eterna juerga, la falta de valentía para enfrentar la vida fuera del universo químico que te secuestró hace un año. Más tarde te seguirán por la puerta trasera del “Nocturna” para encontrarte con ella, huesuda, desmadejada, vestida en un cuerpo de niña que no creció a tiempo y renqueante sobre sus tacones, momificada por tiras de cuero, un fresco decadente pintado en la cara de rímel corrido y labios besuqueados. 

Como desde el principio, te dará lo que necesitas, os  tocaréis la superficie en un intercambio de saliva y sudor para reforzar lo que os une. Tal vez ella gima, le agarres las greñas despeinadas con fuerza y os restreguéis fingiendo deseo aprendido, ella te rodeará las caderas con piernas quebradizas de pollo y reiréis al caer contra la pared, como si fuerais un grafiti más del muro. Pero pronto la coca en tu mano bien agarrada llama más con su silenciosa promesa que la niña en tus manos, y ella rápido encontrará otro cliente proclive a quien encerrar en su vida, tal como hizo contigo, y ambos seguiréis camino hasta la próxima llamada de urgencia a la que ella acudirá como salvadora, droga en mano, prometiendo la cúspide del cielo y el triunfo sin añadir que, al caer, lloras, y que cuando se está en una montaña rusa, a toda subida sigue su bajada.



 



Gema María Azorín

miércoles, 17 de agosto de 2011

LOS JUEGOS DEL HAMBRE

¡Yo también caí en la tentación!

Ni son libros hogareños ni contienen el realismo mágico que tanto me atrae en Cristina López Barrio o Ángela Becerra. No son policíacos ni romances ni históricos. Es fantasía, pero no épica, y crudamente real. "Para adolescentes"... bueno...Son ADICTIVOS. Comienzas en la sinopsis y terminas con el corazón enterrado en el pecho tras la última hoja del último libro. Bien, no voy a hacer reseña porque, sinceramente, ya existen muchas y mucho mejores que la que pudiera hacer yo, pero sí que me uno a la promoción gratuita y sin ánimo de lucro que se hace de buenos libros a través de blogs creados "porque sí", porque también podemos existir sin la publicidad y de consejos bienintencionados.

Hablo de la saga "Los juegos del hambre" de Suzanne Collins.






Es la hora.

Ya no hay vuelta atrás.

Los juegos van a comenzar.

Los tributos deben salir a la Arena y...

luchar por sobrevivir.


Un pasado de guerras ha dejado los 12 distritos que dividen Panem bajo el poder tiránico del Capitolio. Sin libertad y en la pobreza, nadie puede salir de los límites de su distrito. Sólo una chica de 16 años, Katniss Everdeen, osa desafiar las normas para conseguir comida.
Sus principios se pondrán a prueba con "Los Juegos del Hambre", espectáculo televisado que el Capitolio organiza para humillar a la población.
Cada año, dos representantes de cada distrito serán obligados a subsistir en un medio hostil y a luchar a muerte entre ellos hasta que quede un solo superviviente.

Cuando su hermana pequeña es elegida para participar, Katniss no duda en ocupar su lugar, decidida a demostrar con su actitud firme y decidida, que aún en las situaciones más desesperadas hay lugar para el amor y el respeto.


BOOKTRAILER




Pinchando aquí puedes leer el primer capítulo de Los Juegos del Hambre. 



EN LLAMAS

Es la segunda parte de Los juegos del Hambre

¡ATENCIÓN! La sinopsis contiene spoliers, por lo que aconsejo no leer si no se ha terminado el primero. 


Contra todo pronóstico Katniss ha ganado los Juegos del Hambre. Es un milagro que ella y su compañero del Distrito 12, Peeta Mellark, sigan vivos. Katniss debería sentirse aliviada, incluso contenta, ya que, al fin y al cabo ha regresado con su familia y con su amigo de toda la vida, Gale. Sin embargo, nada es como a ella le gustaría. Gale guarda las distancias y Peeta le h dado la espalda por completo. Además se rumorea que existe una rebelión contra el Capitolio...

SINSAJO

Tercera parte de la saga Los juegos del Hambre


Katniss Everdeen, ha sobrevivido de nuevo a LOS JUEGOS, aunque no queda nada de su hogar. Gale ha escapado. Su familia está a salvo. El Capitolio ha capturado a Peeta. El Distrito 13 existe de verdad. Hay rebeldes. Hay nuevos líderes. Están en plena revolución. El plan de rescate para sacar a Katniss de la arena del cruel e inquietante Vasallaje de los Veinticinco no fue casual, como tampoco lo fue que llevara tiempo formando parte de la revolución sin saberlo.

El Distrito 13 ha surgido de entre las sombras y quiere acabar con el Capitolio. Al parecer, todos han tenido algo que ver en el meticuloso plan..., todos menos Katniss.



viernes, 5 de agosto de 2011

Mujer árbol


        "Los brazos en el cielo para tocar los sueños;
           los pies en la tierra para chupar la vida"

Hallé en las raíces a la disposición.
Empecé a preñarme de nubes, de trinos.
La esperanza como savia invadió todas mis ramas.
 

                                                                
Yo...Mujer Árbol
crecí bajo el cielo.
Mis ramas inventaron
que eran naranjos en flor.
 
 
Si todos fuéramos un poco más "árbol" y los sueños no fueran sólo nocturnos...



miércoles, 3 de agosto de 2011

AlCatRaZ


¿Qué sensación te deja Alcatraz tras su visita? Llego de un viaje algo atropellado, miles de anécdotas, donde la visita a La Roca me dejó un regusto extraño que aquí trato de exprimir.

Desde 1972, cuando  convirtieron la prisión en parque nacional, la isla de Alcatraz recibe a miles de turistas al año. Las entradas están agotadas para dos meses y se dan avalanchas de visitantes cada dos horas, todos los días. No sé qué lleva a esas personas a querer ver de tan cerca la prisión, yo por mi parte confieso unos gustos internos un tanto macabros: sentí lo mismo al pisar Alcatraz que lo que sentí en Bodie, el pueblo fantasma surgido de la fiebre del oro californiana. Es el mismo respeto que cuando piso un cementerio o un lugar de culto. Me crea cierta desazón, un mareo de inevitable y definitivo que me impulsa a querer comprender cómo vivió esa gente, qué sucesos ocurrieron en ese mismo sitio, qué pensaba la dueña del peine abandonado cuando se lo pasaba por el pelo (Bodie), o qué ideas corrían  por la mente del preso que, tras una semana a oscuras, salía a la niebla del patio de recreo de la prisión. Todo el mundo sabe que la isla de Alcatraz se ubica a escasos kilómetros de la bahía de San Francisco, pero separada por un mar muy frío y de peligrosas corrientes. Precisamente estas fueron las condiciones que llevaron a a convertirla primero en fortificación militar, luego en prisión militar, para pasar definitivamente a prisión federal en 1934. Las celdas son enanas, dos pasos por un paso, un lavabo, un camastro, una celda apiñada junto a otra, un largo pasillo de rejas, un piso sobre otro, y otro, todo rejas hasta el techo, desde el suelo, hasta el fondo. Cuando un nuevo preso llegaba, le hacían pasearse desnudo por el “paseíllo de Broadway” mientras los otros reclusos se burlaban para minar su seguridad. 


El lugar apesta a pescado e insalubridad, y fue por ese viento y oleadas corrosivas que humedecían y oxidaban prematuramente las instalaciones de la “prisión de alta seguridad”, famosamente inexpugnable, que se vieron obligados a cerrarla solo 29 años después de su apertura.




Cuentan que hasta allí trasladaban a los presos de otras cárceles que, por mal comportamiento y para dar una lección, como el que dice “si sigues portándote mal te encerraré en el cuarto oscuro”, aterrizaban sin esperanzas porque, como decían en la entrada “nunca nadie ha podido fugarse de La Roca”, y la mitad de  los presos perecía de muerte “natural”, como por ejemplo Al Capone, totalmente delirante a causa de una sífilis, según cuentan…
Atracadores de bancos, ladrones, violadores y asesinos eran traídos de otras prisiones. Al Capone, Robert Franklin Stroud (el “Hombre Pájaro de Alcatraz”, por cierto, de inteligencia brillante, un intelecto de esos que terminan siendo pasto de psiquiatra), Jose Sierra, James “Whitey” Bulger y Alvin Karpis, quien pasó más tiempo en Alcatraz que cualquier otro recluso. También allí vivía el personal de la prisión y sus familias. Podría deleitarme en la cantidad de intentos de fuga que se dieron, la famosa “batalla de Alcatraz”, intento fracasado por los pelos, el ingenioso diseño de escape que emplearon Frank Morris, John Anglin y Clarence Anglin y el cual (por más que se empeñe el Estado en negarlo) tuvo un éxito rotundo, ni tiburones ni corrientes heladas, si no se supo nada de ellos, ¿no es exactamente eso de lo que se trataba? 

Pero lo que más me llamó la atención fue otra cosa: aparte de estos famosísimos delincuentes, rellenaban las celdas de Alcatraz otros cuantos presos. “Traidores a los Estados  Unidos” (y ya sabemos cómo de patriótica es esta gente), “opositores de conciencia por no aceptar la guerra”,… Mientras me paseaba (me estremecía) por esos corredores, por entre el pasillo para los más perversos, alineadas las celdas oscuras una junto a otra, no paraba de perseguirme el recuerdo de un cuento de Ana María Matute que leí hace poco y que me marcó y que, durante aquel recorrido, se me atragantaba al pensar en los presos (no Alcapone y compañía, sino los otros, aquellos  de los que no se habla y sobre los que pesa un tupido velo). Aquí lo dejo para quien quiera leerlo:

               

                     Pecado de omisión


A los trece años se le murió la madre, que era lo último que le quedaba. Al quedar huérfano ya hacía lo menos tres años que no acudía a la escuela, pues tenía que buscarse el jornal de un lado para otro. Su único pariente era un primo de su madre, llamado Emeterio Ruiz Heredia. Emeterio era el alcalde y tenía una casa de dos pisos asomada a la plaza del pueblo, redonda y rojiza bajo el sol de agosto. Emeterio tenía doscientas cabezas de ganado paciendo por las laderas de Sagrado, y una hija moza, bordeando los veinte, morena, robusta, riente y algo necia. Su mujer, flaca y dura como un chopo, no era de buena lengua y sabía mandar. Emeterio Ruiz no se llevaba bien con aquel primo lejano, y a su viuda, por cumplir, la ayudó buscándole jornales extraordinarios. Luego, al chico, aunque le recogió una vez huérfano, sin herencia ni oficio, no le miró a derechas, y como él los de su casa.
La primera noche que Lope durmió en casa de Emeterio, lo hizo debajo del granero. Se le dio cena y un vaso de vino. Al otro día, mientras Emeterio se metía la camisa dentro del pantalón, apenas apuntando el sol en el canto de los gallos, le llamó por el hueco de la escalera, espantando a las gallinas que dormían entre los huecos:
-¡Lope!
Lope bajó descalzo, con los ojos pegados de legañas. Estaba poco crecido para sus trece años y tenía la cabeza grande, rapada.
-Te vas de pastor a Sagrado.
Lope buscó las botas y se las calzó. En la cocina, Francisca, la hija, había calentado patatas con pimentón. Lope las engulló deprisa, con la cuchara de aluminio goteando a cada bocado.
-Tú ya conoces el oficio. Creo que anduviste una primavera por las lomas de Santa Áurea, con las cabras de Aurelio Bernal.
-Sí, señor.
-No irás solo. Por allí anda Roque el Mediano. Iréis juntos.
-Sí, señor.
Francisca le metió una hogaza en el zurrón, un cuartillo de aluminio, sebo de cabra y cecina.
-Andando -dijo Emeterio Ruiz Heredia.
Lope le miró. Lope tenía los ojos negros y redondos, brillantes.
-¿Qué miras? ¡Arreando!
Lope salió, zurrón al hombro. Antes, recogió el cayado, grueso y brillante por el uso, que guardaba, como un perro, apoyado en la pared.
Cuando iba ya trepando por la loma de Sagrado, lo vio don Lorenzo, el maestro. A la tarde, en la taberna, don Lorenzo fumó un cigarrillo junto a Emeterio, que fue a echarse una copa de anís.
-He visto a Lope -dijo-. Subía para Sagrado. Lástima de chico.
-Sí -dijo Emeterio, limpiándose los labios con el dorso de la mano-. Va de pastor. Ya sabe: hay que ganarse el currusco. La vida está mala. El «esgraciado» del Pericote no le dejó ni una tapia en que apoyarse y reventar.
-Lo malo -dijo don Lorenzo, rascándose la oreja con su uña larga y amarillenta- es que el chico vale. Si tuviera medios podría sacarse partido de él. Es listo. Muy listo. En la escuela...
Emeterio le cortó, con la mano frente a los ojos:
-¡Bueno, bueno! Yo no digo que no. Pero hay que ganarse el currusco. La vida está peor cada día que pasa.
Pidió otra de anís. El maestro dijo que sí, con la cabeza. Lope llegó a Sagrado, y voceando encontró a Roque el Mediano. Roque era algo retrasado y hacía unos quince años que pastoreaba para Emeterio. Tendría cerca de cincuenta años y no hablaba casi nunca. Durmieron en el mismo chozo de barro, bajo los robles, aprovechando el abrazo de las raíces. En el chozo sólo cabían echados y tenía que entrar a gatas, medio arrastrándose. Pero se estaba fresco en el verano y bastante abrigado en el invierno.
El verano pasó. Luego el otoño y el invierno. Los pastores no bajaban al pueblo, excepto el día de la fiesta. Cada quince días un zagal les subía la «collera»: pan, cecina, sebo, ajos. A veces, una bota de vino. Las cumbres de Sagrado eran hermosas, de un azul profundo, terrible, ciego. El sol, alto y redondo, como una pupila impertérrita, reinaba allí. En la neblina del amanecer, cuando aún no se oía el zumbar de las moscas ni crujido alguno, Lope solía despertar, con la techumbre de barro encima de los ojos. Se quedaba quieto un rato, sintiendo en el costado el cuerpo de Roque el Mediano, como un bulto alentante. Luego, arrastrándose, salía para el cerradero. En el cielo, cruzados, como estrellas fugitivas, los gritos se perdían, inútiles y grandes. Sabía Dios hacia qué parte caerían. Como las piedras. Como los años. Un año, dos, cinco.
Cinco años más tarde, una vez, Emeterio le mandó llamar, por el zagal. Hizo reconocer a Lope por el médico, y vio que estaba sano y fuerte, crecido como un árbol.
-¡Vaya roble! -dijo el médico, que era nuevo. Lope enrojeció y no supo qué contestar.
Francisca se había casado y tenía tres hijos pequeños, que jugaban en el portal de la plaza. Un perro se le acercó, con la lengua colgando. Tal vez le recordaba. Entonces vio a Manuel Enríquez, el compañero de la escuela que siempre le iba a la zaga. Manuel vestía un traje gris y llevaba corbata. Pasó a su lado y les saludó con la mano.
Francisca comentó:
-Buena carrera, ése. Su padre lo mandó estudiar y ya va para abogado.
Al llegar a la fuente volvió a encontrarlo. De pronto, quiso llamarle. Pero se le quedó el grito detenido, como una bola, en la garganta.
-¡Eh! -dijo solamente. O algo parecido.
Manuel se volvió a mirarle, y le conoció. Parecía mentira: le conoció. Sonreía.
-¡Lope! ¡Hombre, Lope...!
¿Quién podía entender lo que decía? ¡Qué acento tan extraño tienen los hombres, qué raras palabras salen por los oscuros agujeros de sus bocas! Una sangre espesa iba llenándole las venas, mientras oía a Manuel Enríquez.
Manuel abrió una cajita plana, de color de plata, con los cigarrillos más blancos, más perfectos que vio en su vida. Manuel se la tendió, sonriendo.
Lope avanzó su mano. Entonces se dio cuenta de que era áspera, gruesa. Como un trozo de cecina. Los dedos no tenían flexibilidad, no hacían el juego. Qué rara mano la de aquel otro: una mano fina, con dedos como gusanos grandes, ágiles, blancos, flexibles. Qué mano aquélla, de color de cera, con las uñas brillantes, pulidas. Qué mano extraña: ni las mujeres la tenían igual. La mano de Lope rebuscó, torpe. Al fin, cogió el cigarrillo, blanco y frágil, extraño, en sus dedos amazacotados: inútil, absurdo, en sus dedos. La sangre de Lope se le detuvo entre las cejas. Tenían una bola de sangre agolpada, quieta, fermentando entre las cejas. Aplastó el cigarrillo con los dedos y se dio media vuelta. No podía detenerse, ni ante la sorpresa de Manuelito, que seguía llamándole:
-¡Lope! ¡Lope!
Emeterio estaba sentado en el porche, en mangas de camisa, mirando a sus nietos. Sonreía viendo a su nieto mayor, y descansando de la labor, con la bota de vino al alcance de la mano. Lope fue directo a Emeterio y vio sus ojos interrogantes y grises.
-Anda, muchacho, vuelve a Sagrado, que ya es hora...
En la plaza había una piedra cuadrada, rojiza. Una de esas piedras grandes como melones que los muchachos transportan desde alguna pared derruida. Lentamente, Lope la cogió entre sus manos. Emeterio le miraba, reposado, con una leve curiosidad. Tenía la mano derecha metida entre la faja y el estómago. Ni siquiera le dio tiempo de sacarla: el golpe sordo, el salpicar de su propia sangre en el pecho, la muerte y la sorpresa, como dos hermanas, subieron hasta él así, sin más.
Cuando se lo llevaron esposado, Lope lloraba. Y cuando las mujeres, aullando como lobas, le querían pegar e iban tras él con los mantos alzados sobre las cabezas, en señal de indignación, «Dios mío, él, que le había recogido. Dios mío, él, que le hizo hombre. Dios mío, se habría muerto de hambre si él no lo recoge...», Lope sólo lloraba y decía:
-Sí, sí, sí...


CURIOSIDADES RELACIONADAS:

En Estados Unidos, entre 1973 y el 3 de Enero de 2002, 99 presos condenados a muerte se liberaron por detectarse fallos en el juicio y demostrarse su inocencia. Sirva como ejemplo el caso de Juan Roberto Meléndez que fue liberado en esa fecha, después de casi 18 años de prisión. Tras ese tiempo un video olvidado por la policía pudo demostrar su inocencia. Para mostrar los enormes errores judiciales en Estados Unidos, en 1993 el abogado Barry Scheck fundó con un colega el Proyecto Inocencia dedicado a revisar casos judiciales antiguos usando las modernas técnicas del ADN. Desde entonces y hasta el 2005 consiguió liberar a 159 inocentes, de los que 13 estaban condenados a muerte y otros muchos a cadena perpetua. Según este abogado, el inmenso número de errores se debe a que muchos de ellos son provocados intencionadamente, fabricando pruebas u ocultando evidencias, pues a veces es más importante quedar bien encontrando a un supuesto culpable que hacer justicia. Amnistía Internacional es una organización que lucha activamente contra la pena de muerte en todo el mundo y ha conseguido que se prohibía la pena de muerte a menores en algunos estados de Estados Unidos y completa en otros. Otros países donde se ejecuta a gran cantidad de gente condenada a muerte son China, Irán, Cuba, Filipinas, Yemen...


A los 15 años, el napolitano Alfonso Capone, más conocido como Al Capone, robó a un peluquero siciliano del barrio de Brooklyn (Nueva York) y como castigo le rajó las dos mejillas con una navaja de barbería, por cuyas cicatrices le vino el apodo de Scarface (cara cosida). A los 21 años fue a Chicago y, de pistolero al servicio de John Torrio, se convirtió en el "rey de los gangsters" llegando al asesinato directo o indirecto de unas 300 personas. Entre 1920 y 1933 entra en vigor en Estados Unidos la llamada "ley seca", por la prohibición de vender bebidas alcohólicas y Al Capone encontró un gran negocio en el contrabando de bebidas, monopolizándolo durante casi 10 años y donde llegaba a tener más de 25 millones de dólares de ganancias anuales. En 1930 la justicia encontró su punto débil y le condenó a 11 años de prisión, encerrándolo en la prisión de Atlanta y luego en la famosa cárcel de Alcatraz, donde sufrió los primeros síntomas de una parálisis progresiva. En Enero de 1940 fue libertado por su buena conducta y desde entonces vivió retirado en su finca de Florida, en Miami Beach, donde murió de sífilis en 1947 a la edad de 48 años. En la magnífica película "Los intocables de Eliot Ness" (1987) de B. de Palma, protagonizada por el actor Kevin Costner, se cuentan las aventuras del policía que tuvo que enfrentarse a Al Capone.